Qué es el trabajo infantil?
Entendemos por trabajo infantil a “toda actividad económica o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niños y niñas que no tienen la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria, o que no cumplieron los 18 años si se trata de trabajo peligroso”, según la definición de la Organización Internacional del Trabajo.
Muchos, aunque no los veamos…
Según estimaciones de la OIT, en el mundo hay más de 215 millones de niños y niñas menores de 18 años que trabajan.
Más de 153 millones entre las edades de 5 a 14 años y más de 62 millones entre los 15 y 17 años. A su vez, unos 115 millones de niños y niñas realizan trabajos peligrosos, y esta es una cifra demasiado alta.
Para el año 2004, según un estudio realizado por la OIT, se determinó que al menos en el país trabajan 193.095 niños y niñas de entre 5 y 13 años, y 263.112 adolescentes que tienen entre 14 y 17. Estos datos no tenían en cuenta el trabajo doméstico, es decir “atender la casa cuando los mayores no están”. Incluyendo este tipo de actividad, la cantidad de niños y niñas entre 5 y 14 años incluidos en esta definición ascienden a 1.503.925[1].
Hay diversos y distintos tipos de trabajo infantil, que van desde las formas rurales más tradicionales, hasta el trabajo doméstico o callejero, y las peores formas de explotación. Sin embargo, muchas no son visibles o reconocidas como una problemática.
…viven esta realidad compleja…
El trabajo infantil se determina por múltiples factores, que pueden ser económicos y/o culturales. Muchas veces, las situaciones familiares donde los ingresos no son suficientes para la supervivencia, llevan a que los chicos deban contribuir con su aporte al sostenimiento del hogar. Por otro lado, también puede valorarse como positiva la incorporación de los chicos al mundo laboral, como una manera de preparación para la vida futura y de aprendizaje, acompañando a los adultos en el desarrollo de sus propios oficios.
…que les impide disfrutar de una infancia plena.
El trabajo infantil, en todas sus formas, vulnera los derechos de los niños, niñas y adolescentes.
Un niño que trabaja, en general, no asiste a la escuela o tiene bajo rendimiento, y puede tener dificultades de aprendizaje. También, al estar ocupado en otras tareas, no disfruta de momentos de juego y recreación. Y puede sufrir problemas de salud a causa de una continua exposición a riesgos físicos. A nivel familiar, también se desdibujan o alteran los roles de los adultos y los chicos.
En definitiva, la vida laboral, suma responsabilidades no acordes a la edad y resta tiempo para “hacer cosas de chicos”.
